14 enero 2006

14 ene

Varias veces ha estado apunto de perder a la mujer de vista.

Lugares concurridos y aspectos cambiantes hacen que la búsqueda sea una pesadilla para el explorador más experimentado. Si no fuese porque muchos de esos rostros ya los conoces, te sería imposible dar con ella.

Estás notando que hay una docena de imágenes que tiene muy trabajadas y estudiadas, y otras tantas ocasionales que pueden variar de una vez para otra.

Finalmente se detiene. Estabas apunto de dar una carrera para trazar el último tramo cuando ella cruzase la esquina, pero se ha parado.

Su ropa ondula, como llevada por una brisa suave que oscurece su forma. Ahora viste de negro. ¿Luto?

Avanza despacio entrando en lo que, descubre el soldado, es un parque que seguro hace diez años no tenía aquel aspecto abandonado. Basuras y pintadas adornan la escena, y a pesar de ser de día, no hay ningún niño jugando en los columpios del fondo. Pasas junto a un arbusto que esconde tres jeringuillas y te haces a la idea de porqué.

Danielle está de espaldas, en el centro del pequeño parque, frente a una estatua medio oxidada. Podría no ser nada, pero desde cierto ángulo podría tratarse de un hombre caído… si fuese eso, en el pecho tendría una cámara de fotos.

No se acerca. Permanece a cinco pasos de ella, sin atreverse a tocarla, y entonces un escalofrío la recorre. Su forma toma más solidez, hasta el punto de que por un momento casi parece que esté viva.

Bram sonríe, entendiendo qué es lo que ha encontrado. Con sumo sigilo, se coloca a pocos pasos tras la mujer, cambiando también de aspecto. Un hombre vestido también de negro, con otro rostro. Cuando Danielle gira, se sorprende de ver allí a otro fantasma, pero sin reconocerlo, se apresura a aparentar indiferencia y dar un par de pasos, alejándose.

- Me debes tu nombre. Y… por cierto. Gracias por el café.

Mira una vez más hacia atrás, y descubre a quien habla, esta vez con una cierta sonrisa de satisfacción. Por suerte, no tanto como para perturbar la solemnidad del lugar. Ella suspira, hundiendo los hombros por un instante, pero rápidamente se recompone y reconstruye su máscara.

- Hubiera preferido que no encontrases este sitio

- Bueno… no se puede tener todo – Tarda un instante en responder

- Alex – él asiente, sonriendo.

- Y… si busco a las personas a las que levantaron este monumento… ¿encontraré a alguna Alex?

- No lo se. Puedes intentarlo – Sonríe.

- No me vas a dar nada más ¿verdad?

- Sabes que no. – Y añade – No sería tan divertido si lo supieses todo sobre mí el primer día. Prefiero dejar que saborees las pequeñas victorias.

- Eres despiadada – con falsa expresión de sorpresa.

- Y te encanta.

No hay comentarios: