21 junio 2006

21 jun


No se dio cuenta de la presencia del soldado hasta que la agarró con fuerza por la espalda, obligándola a darse la vuelta y mirarlo a los ojos. Pierde por un instante la concentración al encontrarse con esos ojos azules, eléctricos. En ese instante, sintió miedo.

-¿Qué me has hecho?

-¿Cómo?

-Me has hecho algo. Me has hechizado, bruja. No puedo dejar de pensar en ti. En tu cuerpo, en tu… - la voz del soldado sonaba desesperada. Tanto, que la mujer no pudo sino echarse a reír a mandíbula batiente.

-No te rias. – sigue riendo – ¡basta! – No puede parar, sacudiéndose a pesar de que el hombre aún la agarraba con fuerza. Con un gesto entre furia y deseo, la silencia con un beso.

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