- ¿Quieres que… - pero él no dijo nada. Tan solo sonrió con su expresión habitual de indiferencia e hizo un gesto para que la mujer lo siguiera.
No era la primera vez que visitaban aquel lugar. Las luces que llegaban desde la calle apenas eran suficientes para iluminar los rasgos oscuros de la sensual figura que apareció en el interior de la estancia sin atravesar las paredes. Casi como una bailarina. Todo ella un fluido movimiento calculado. Balanceo, paso y giro con insinuación. Todo ello parte de un ritual que ambos conocían muy bien, pero algo ha cambiado desde la última vez. Como si la misma estancia contuviese el aliento.
- Quiero ver como eres. – La voz de él rompe el silencio, y ella solo puede reír por lo bajo.
- Ya me estás viendo, cariño… ¿o me sobra ropa?
- No, quiero decir como eres de verdad – la imagen de la mulata cambia y fluctúa por un instante. Otra mujer algo más delgada, de pelo corto y un aire pícaro toma su lugar frente a la mirada impasible del soldado.
- Así es como soy, Bram. Ya conoces la imagen de mi auténtico yo.
- Me refiero a como eras antes de morir.
- Eso no tiene importancia. Sigo siendo una mujer, - se pone algo más seria - siempre lo fui aunque mi cuerpo no lo tenía tan claro.
- Quiero verlo. – Ella duda, antes de responder.
- Como quieras… - No logra ocultar cierto rubor, como si le diese vergüenza o miedo tomar aquel aspecto, aunque sigue sin estar claro si es otra actuación. Son los mismos tejanos, la misma camisa sin mangas y medio abierta en el pecho. Ese mismo pendiente y el corte de pelo e incluso un aire familiar en los rasgos… que lentamente se diluyen al tomar forma una sombra de barba, los hombros más rígidos y endurecerse la piel. Pero algo no cuadra. Por mucho que la imagen sea perfecta, no encaja con la pose, ni con el gesto. Ni tan siquiera con el tono de voz. Ahora, con el cambio completo sonríe expectante – es esto lo que querías ver?
- Si, y algo más…
El último girón de lo que fue el soldado se desvanece en el aire. Sus pasos alejándose llegan amortiguados desde el otro lado de la puerta, y la mujer suspira, girando la mirada.
Con expresión meditativa, camina hasta un espejo que no le devuelve ningún reflejo. Observa como si de una ventana abierta se tratase y habla al vacío.
- - No está mal… Pero el siguiente paso tendremos que calcularlo mejor, princesa.


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