La suave luz indirecta se derrama sobre el despacho. Los tonos amortiguados de las paredes dan a la sala la apariencia que tendría de estar en el exterior, con luces cálidas. Cada cuadro, así como la disposición de cada fragmento del mobiliario de la oficina estaban dispuestos pensando en crear una ilusión de comodidad. Tan solo el hombre tras la mesa que domina la sala parece ligeramente fuera de lugar. Con rostro severo de rasgos finos, examina varias carpetas con informes sobre su mesa con la expresión aburrida de quien lleva haciendo eso mismo durante años.
Desde un altavoz sobre la mesa, se escucha la voz de su secretaria
- La siguiente entrevista ha llegado, señor Bolch. ¿la hago pasar?
- Si, déjela pasar – Suelta el botón que hace llegar su voz, y termina, murmurando para si mismo – Llega tarde
Tras la puerta se distinguen las sombras translucidas de su secretaria y otra mujer. Tocan y se entreabre la puerta mientras Jordan se levanta para dar la bienvenida a la nueva aspirante, mostrando la sonrisa cortés ensayada en otras cientos de entrevistas, pero nada más entrar Lea, su expresión cambia de golpe, Mezcla de asco y lástima. Se apresura a ocultarlo, consciente de que la señorita podría considerarlo ofensivo, Pero ella no parece darse cuenta. Sus ojos no pueden ver. Recordando su lugar, se adelanta.
- Buenas tardes, Señorita Rein, por favor, por aquí – Dando un par de pasos, se coloca al lado de ella para guiarla hasta la silla.
- Muy buenas tardes. Supongo que usted será Jordan Bolch. Reconozco su voz. Gracias por responder a mi solicitud. – Con un gesto, Ella repliega el bastón que la había ayudado a llegar hasta allí, y no queriendo quedarse con la primera impresión, Jordan la observa con más atención.
Parecía una mujer atlética. El brazo que tomaba bajo la manga demostraba cierta afición al deporte, a pesar de que sus pasos se veían algo inseguros. Pelo castaño, que caía hasta acariciarle los hombros, y el rostro, en un tímido intento de ocultar algo que resultaba claramente visible. Las gafas oscuras tampoco hacían mucho por ocultar las marcas claramente definidas en las que los médicos habían intentado recomponer su rostro. Sin embargo sonreía. Debió ser una sonrisa bonita hace tiempo, pero ahora parecía marcada por cierta amargura, quizás por humor cínico hacia su propia condición, o quizás, por ser consciente de su escrutinio. Un poco turbado, deja a la muchacha en una silla, y él ocupa también su puesto
- Aún quedan algunos trámites antes de poder asegurar que será contratada. Espero que comprenda que esta entrevista no es sino un paso más
- Lo comprendo.
- Bien. En ese caso, le haré una serie de preguntas, primero para asegurar que los ratos que tenemos sobre usted son correctos, y posteriormente para evaluar sus posibilidades. He derogarle que sea sincera en todo momento
- No se preocupe por eso, pero usted ha de tener cuidado de no asustarse con las respuestas – bromea.
- Está bien… Empecemos. Dígame su nombre completo
- Leanor Rein. Mi nombre de pila es Lea
- ¿Cuál es el primer recuerdo que tienes?- ¿De mi infancia?
- Exacto
Tarda un poco en responder, rebuscando entre recuerdos hasta que finalmente sonríe - Pues… no sé si será el primero, pero al menos es lo que recuerdo ahora con más claridad. Es con mi hermano. Bueno, en realidad no recuerdo nada, siendo pequeños, en lo que no estuviera él también, pero… bueno, somos gemelos casi idénticos. De pequeños nos gustaba mucho hacernos pasar por el otro. Desde la ropa y peinado hasta los gestos, la risa… él era mi persona favorita, y creo que yo era la de él. A la única que nunca logramos engañar fue a nuestra madre. No sé como lo hacía, pero nunca picó. – rie – incluso mi padre nos confundía. Recuerdo una vez que me llevó a mí en vez de a mi hermano a aquel partido de béisbol. No se, yo creo que no lo hacia tan mal, pero claro, mi hermano tenia más practica. A mitad del partido llegó en bici hecho una furia. Vaya, hacia mucho que no recordaba aquello. También estaban los dulces. Mi padre era pastelero, tenía una panadería y siempre nos traía alguna golosina a casa. Nadie hacia dulces como él. Tenía mucha fama en el barrio.
- Una infancia idílica ¿siempre fue así?
- Bueno… ha tenido baches como la de todo el mundo, pero si, creo que me fue bastante bien. No puedo quejarme
- Bien ¿Cuál fue el mejor año que ha vivido?
- El mejor año… Puff… no es fácil de decir. Podría haber sido de niña, cuando aún no entendía nada, pero no… quizás fue cuando me uní a mi grupo de escalada y empecé a explorarlo todo. A veces era duro. Acabas con los músculos engarrotados y doloridos, y más de una vez te preguntabas si merecía la pena cuando te faltaba el aliento por culpa de la altura, pero no hay nada que pueda comparársele a la sensación que tienes una vez llegas a la cima.
- Entiendo entonces que su hobbie eran los deportes de riesgo.
- Todo estaba muy controlado. No pensábamos que hubiese un verdadero riesgo. – Hay una pausa incómoda, en la que el entrevistador espera a que Lea añada algo más, consciente de que ella es incapaz de notar la intensa mirada. No es el mejor momento para lanzar esa pregunta.
- Bien, veamos… hábleme un poco más de su familia.
- ¿Es necesario? ¿Qué más necesita saber de ella?
- Pues, para empezar, cuan apegada está a su círculo familiar. Cuantos miembros hay en él y cual es la relación que mantiene con ellos. No se preocupe, estos datos serán archivados con discreción, pero necesitamos conocer a nuestros trabajadores para poder encajarlos en un perfil claro.
*suspiro* - Está bien… Sigo muy apegada a mi hermano. En el… casi un año que hace que perdí la vista se ha ocupado de mi. Antes de eso ambos trabajábamos para mantener la casa. Mi madre empieza a sentirse mal, y desde que murió mi padre no hace sino empeorar, aunque nos esforzamos porque se encuentre bien.
- ¿Cuánto hace que su padre falleció?
- Harán… cinco años la próxima semana.
- ¿Cómo fue?
- . . . Un accidente de trafico. Lo atropellaron mientras andaba. Mas tarde supe que el coche se dio a la fuga. – Lea baja la mirada inconscientemente sin ver más que la pura negrura entrelazando las manos mientras recuerda aquel día en silencio. Aquella expedición fue mas larga de lo que esperaba, y nadie excepto mi hermano sabía realmente dónde iba. Cuando llegó a casa la terrible noticia la cogió desprevenida. El mismo día en que llega al hospital no se atreve a despertarle. Tan solo se sienta junto a la cama, escuchando la terrible respiración, entre jadeo y asma del señor de la cama de al lado, y los pitidos de la maquinaria que tenia su padre alrededor. Necesitaba descanso… ¿o acaso por lo que estaba luchando era por despertar? La había estado llamando desde que tuvo el accidente, después de que Tomas le contase dónde estaba, y ahora no se atrevía a despertarlo. Apenas cruzaron tres frases justo cuando la enfermera pasó para indicar que el horario de visitas se había terminado. Y esa noche… esa noche dejó de luchar, y murió.
- ¿Se encuentra bien, Señorita Rein?
- Si – Se apresura al darse cuenta de cual tenia que ser su expresión – No se preocupe
- ¿La afectó mucho la perdida de su padre?
- Pasé unas semanas bastante mal, como era de esperar. Pero la vida sigue, y habían algunas cosas de las que tenia que ocuparme. Después de aquello, los dulces de la panadería ya no estaban tan buenos como siempre, y acabamos por vender el negocio, así que mi hermano y yo teníamos que hacernos cada vez más cargo de la casa, y ambos buscamos trabajos a media jornada para poder seguir estudiando, y mantener la casa. Mamá fue la única que no logró recuperarse nunca. Ella… a veces se levanta y sirve un desayuno de más, y no es hasta que acabamos de comer que se da cuenta de que papá no se sentará otra vez con nosotros. Ella… está ya algo mayor, aunque normalmente está bien
- ¿Tiene Pareja sentimental o hijos actualmente?
- No, actualmente no, y no será fácil que logre ninguna de esas cosas de aquí en adelante – Se ríe por lo bajo, con cierto humor cínico llevándose distraídamente una mano hacia la cara, pasando los dedos sobre las líneas de sus cicatrices, que no logran ocultar del todo sus gafas oscuras. – De todos modos, si me congelan tampoco tendré mucha oportunidad de tener vida social ¿no es cierto? No se preocupe, solo estaba bromeando. No es algo que me torture, en realidad
- ¿Cómo describiría hasta la fecha sus relaciones sentimentales? ¿Se ha curado de sus desengaños?
- Mm… En general tengo algunos buenos recuerdos. Fue bonito mientras duraba, aunque no solía ser por mucho tiempo. Solo la última sobrepasó el año, y bueno… No hay mucho más que contar. – Pero recuerda a ese último chico. Una aguja cada vez más dolorosa, ya no por como fue su relación, ni por las veces que él le prestara dinero para poder ir a las excursiones, cada vez más peligrosas, que se proponían. Hasta llegar al Himalaya…
- Le repetiré una de las preguntas planteadas en el formulario original ¿Se droga usted o lo ha hecho en alguna ocasión?
- No voy a negar que lo haya llegado a hacer. En especial, a cierta altura la mente empieza a tener alucinaciones por el sobreesfuerzo, la presión y la falta de oxigeno, así que es necesario engañarla de alguna forma para seguir adelante
- ¿Qué otras drogas ha consumido?
- *Duda* Bueno… el tabaco nunca me ha atraído, aunque he llegado a fumarme algún porro, y a emborracharme con mis amigos. Nunca más de una o dos veces al mes en la peor época. Supongo que seria el tirón de la novedad. Si le preocupa, nunca ha sido un problema para mí. Hace meses que no hay ninguna celebración por casa que nos de la oportunidad *bromea*
- ¿eso es todo?
- Si exceptuamos aquellas recetadas por médicos, sí.
- Bien. Regresemos a su accidente. ¿Cuándo fue?
Responde casi con resignación, sabiendo que esa pregunta llegaría tarde o temprano - Fue… hace poco menos de un año. Me comienzo a adaptar, pero ya nada es lo mismo. Queríamos coronar el Everest. Mucha gente lo hace últimamente. Hay incluso una ruta bastante fácil que está ya llena de basura. Botellas de oxigeno y restos de campamentos en cada recodo, así que decidimos usar la segunda ruta. No es la difícil, pero supondría un reto. En el grupo íbamos… siete personas – se guarda para si los nombres, incluido el de su exnovio y su hermano menor. Lea cruza los brazos sobre el pecho, quizás recordando el frío de la gran cima, o quizás para evitar que le tiemblen las manos al recordar – Nos faltaba poco para coronar la cumbre. Apenas una jornada de ascenso, y la ligera ventisca que nos acompañaba hoy se desvanecería. Avanzábamos por un desfiladero cuando la plataforma por la que caminábamos los dos que hacíamos cola cedió bajo nuestros pies. Michael cayó, arrastrándome a mí al vacío, quedando suspendidos gracias a las cuerdas de seguridad, pero el grupo arriba tenia problemas. Empezaban a deslizarse y no encontraban un punto donde anclarse. Por suerte, vi una plataforma cerca de nosotros. Pensando rápido, me balanceé y corté la cuerda que nos ataba arriba. Fue una locura, pero lo logramos. – Sonríe débilmente- era una pequeña victoria. –Rápidamente su expresión se apaga, cruzada por algo parecido a la culpa, callando las palabras de él en aquella repisa helada.
Con la ausencia de su vista, la fria sala podría haber estado completamente vacía. Lanzaba palabras a un silencio que no era capaz de acallar los recuerdos más dolorosos de aquella escalada, y las palabras de él llegan a su mente por un instante que no hace sino torturarla
“me has salvado la vida” el muchacho se acercó de improviso, abrazándome como quien sostiene un tesoro, besando mis labios helados con un afecto innegable “Lea, yo…” Cogida por sorpresa, intenté detenerlo con suavidad “Michael... Mikki … por favor, este no es el mejor momento”. “¿Por qué no? Estamos solos, y he de decírtelo, te quiero” niego, intentando no creerlo a pesar de que ya lo podía leer en sus ojos desde hace tiempo. Pero era tan joven…. Y además, no hacía tanto que rompí con su hermano. Algo así no haría sino remover la herida que aún tenían ambos. Una vez más, para este viaje el dinero se lo había prestado Él. No, no podía pensar en aquello en un momento como aquel. El peligro no había pasado. Viendo mi vacilación, Mikki de adelanta “Es… ¿es por mi hermano, verdad? ¡Yo soy mejor que él! Por favor, dame una oportunidad de demostrártelo. Te quiero” “Mikki, yo… no puedo responderte ahora. Por favor, entiéndelo. Lo primero es salir de aquí. Tenemos que regresar con el grupo antes de que este sitio se derrumbe también.” Me separé un poco de él, intentando no ver la súplica en esos ojos tan limpios y olvidarme de la atracción que yo también sentía. Al menos de momento. Se escuchaban voces desde las alturas, llamándonos. Me apresuré a responder, pidiendo un cabo con el que poder izarnos, pero al parecer arriba también tenían problemas. Un momento después, recojo una cuerda, que me apresuro a asegurar mientras sigo evitando la mirada del
muchacho. “Bien, subimos. Usa las piquetas que vaya dejando delante ¿de acuerdo?” y sin más, comencé a ascender. La pared era insegura. No daba una superficie sólida por la que poder trepar, y aun dejando el material atrás y con la ayuda de la gente de arriba, parecía estar muy al límite de peso con la carga de ambos. Llevábamos la mitad del camino, cuando la cuerda que ascendía tubo una sacudida, y varias piquetas cayeron al vacío, dejando al chico sin agarre. Alguien gritó en las alturas mientras yo luchaba por recuperar el control, soportando ahora el peso de ambos “¡Aseguren ese cabo, maldita sea!” Restos de hielo afilado como cuchillas cayeron de las alturas, y el muchacho que ahora pendía de mí grita a la vez que un hombre se precipita al vacío desde las alturas tras resbalar. Alarmada, miro hacia abajo. Michael sangra por el cuello. Era mucha sangre. La intenta detener con las manos, pero no es suficiente. Levanta la mirada hacia mí. Lo que vi reflejado en su mirada me dio miedo. Vi aceptación. Vi derrota. “no lo lograremos, Lea…” “¡No digas tonterías! Vamos a salir juntos de aquí ¡Los de arriba! ¡Hay un hombre herido, aseguren ese cabo!” desde las alturas, las voces eran confusas. Apenas lograban sujetarse ellos mismos, pero lo estaban intentando. Escucho un crujido, miro hacia arriba, buscando un mejor asidero al sentir las manos heladas apunto de romperse por la tensión, y algo me golpea. Todo estaba blanco. Sin poder abrir los ojos, escucho la voz de Mikki a mi espalda. “Lo siento. Esta es la única opción. Si no, te arrastraré conmigo, Lea. Lo siento…” “¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Noooooooo!!!!!!!!!!!!”.
- … lo siguiente que recuerdo… es que me habían logrado izar desde arriba, pero mi compañero había cortado la cuerda que nos unía.- Era muy difícil adivinar las emociones tras ese rostro desfigurado – Habíamos perdido a dos compañeros, y yo estaba herida. Descendimos, y regresamos a casa.
- Según el informe que usted ya rellenó, fue entonces cuando tuvo su experiencia cercana a la muerte. ¿Podría hablarme un poco más de ello?
- Si… Cuando llegamos a la civilización me atendió un médico chino… con sus hierbas y sus agujas. Apenas logró bajarme un poco la fiebre, pero yo quería que me viera un medico de verdad. Cambiamos los billetes como pudimos en un vuelo de carga, pero en el viaje mi estado empeoró. La fiebre subía y comencé a delirar, teniendo pesadillas. Más de una vez estuve segura de haber muerto. Algunos sueños eran especialmente vividos… Incluido uno en el que el avión se estrellaba en las montañas heladas, y nadie podía encontrarnos ni saber donde estábamos, y la paranoia empezaba a cambiar a la gente. Recuerdo sus voces, susurrando que tendrían que devorarse unos a otros conforme muriésemos. Pude ver… o sentir como me desvanecía, y al otro lado había cosas… o eran ellos mismos, que se acercaban como carroñeros para devorarme ahora que estaba muriendo, pero no quería morir. Me aferré a la vida e intenté permanecer despierta a pesar del dolor. Más tarde llegué a EEUU. Los médicos dijeron que nos habíamos retrasado mucho en tratar esas heridas, así que pudieron hacer mas bien poco por mi cara. Quizás incluso me estropearon un poco más, aunque no puedo ver ya mucha diferencia – ríe otra vez tras el chiste amargo.
- Que opina de Orpheus como empresa?
- Mm… Pienso que les costará un poco romper la incredulidad de la gente, sobretodo al principio. Yo misma pensé que se trataba de un chiste la primera vez que escuché los anuncios, espero que no se ofenda. También están las viejas supersticiones. Probablemente algún colectivo se ponga en contra, pero como con los ecologistas, si la organización pisa sobre seguro, no tendrán nada que hacer. Pero tiene muchas posibilidades de cara al futuro.
- Bien. Nos queda tan solo una pregunta, y le rogaría que sea lo más sincera posible. ¿Por qué quiere entrar a formar parte de Orpheus?
- Porque quiero sentirme útil. Quiero ver qué hay al otro lado. Deseo seguir explorando, viendo cosas nuevas. No me resigno a sentirme inválida. Sé que soy capaz de hacer muchas cosas y sobrevivir en los lugares más extremos. Ningún otro trabajo me daría esa oportunidad. Eso, sin contar con el margen que tengo ahora de trabajo… Vender cupones no va con migo.
- Sabe que quizás no podamos devolverle la vista? Es solo una teoría de la doctora Anne Del Greco.
- Ya es más que la esperanza que me han podido dar los médicos que me han visitado. Si todo está tan estudiado y calculado como dicen, no tengo nada que perder por intentarlo.
- No se preocupe. Sé donde está la salida, si es que no ha cambiado de sitio *bromea* Muchas gracias por atenderme. Buenas tardes.
- Buenas tardes.

1 comentario:
toma, un px... por crear el blog, y a partir de ahora un cuarto de px por entrada, esto va pro todos, si alguno quiere... puede...
y esta curioso. que opinais¿?
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