Había descansado, pero seguía preocupado. La imagen de Lorena Pérez, la niña hispana del hospital, le acompañaba desde el día enterior, hasta que agotó su paciencia.
Proyectado, se encaminó hasta el hospital. Calculó con calma su apariencia para no llamar la atención de forma tan dramática como la última vez. En el aseo se proyectó y ultimó los detalles. Dar con el despacho del jefe de planta fue fácil con aquel aspecto, mucho más añadiendo un aura de enigmática con
fianza a su imagen. Cuantas puertas se te abren con la habilidad de un Fuego Fatuo y un poco de carisma. Mucho más si la muchacha es joven.
Se despidió rápidamente de la muchacha que lo había acompañado, y entró.
- Buenas tardes Doctor. Espero no interrumpirle…

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