Hace un rato se me bloqueó el PC, y he perdido un buen trozo de lo que había escrito
No sé ni por dónde iba. Bueno, a ver si me aclaro…
Creo que lo último fue que nos reunimos todos a cosa de una hora antes de que se reuniese Diana con Víctor. Bueno, pues acabamos pidiendo al alcalde una reunión de emergencia que le costó sacrificar algún compromiso para conceder. Al explicarle de lo que iba la cosa, fue como si el mundo se le cayese encima. Enseguida se recompuso, claro, pero la sensación quedó allí. La llamó, y tras dos o tres frases, la convenció para que al menos fuese acompañado de uno de sus seguritas.
La cuestión. Con HannYe en su botón, y yo en su cabeza, llegamos a la casa.
Era una casa elegante. Pude oler a los perros que guardarían en la parte de atrás del jardín, y escuchar el difuso cacareo del grupillo de colgados en el salón antes de tocar el timbre.
Por poco no dejan entrar a Robert (el segurita), pero al final se solucionó con que él dejase en la entrada sus armas sin cargadores.
Era un sitio elegante, pero no me terminaba de encajar todo lo que había allí dentro.
Me cuidé de no desviar la mirada o dar señal de mi presencia, hasta que llegamos a la planta alta.
La pared y toda la habitación estaban cubiertas de costras oscuras iguales a las que se veían desde el exterior. Hacía rato que no veía a mis compañeros, pero casi podía imaginarlos entrando por la parte de atrás, o a través de las paredes. Estaban cerca si pasaba cualquier cosa. Y menos mal, porque nada más se abrió la habitación, me encogí hecha un ovillo en la consciencia de Diana. Todas las paredes eran oscuras tras aquellas costras. Y dentro no había nada. Ni un mueble, ni una silla… nada. Y sin embargo, el tipo rubio y bien vestido se sentaba en el aire, y la mujer tampoco parecía extrañada. Una segunda figura, en pie junto al anfitrión, parecía un matón de tres al cuarto con mirada peligrosa, completamente rapado. Al fondo, llenando el espacio vacío, un
ángel.
No tengo mejor manera de describirlo. Sus alas plegadas alrededor de los hombros le cubrían como si de una larga capa se tratase. Unos rasgos casi élficos, y una presencia que me impresionó. Quizás fue por eso que no me di cuenta de lo que estaba pasando realmente hasta que fue tarde.
Diana ocupó un asiento sobre el vacío, pero no apartaba la mirada de un lugar, quizás evitando la mirada del anfitrión.
Al principio la charla fue cordial, casi como de negocios. Les extrañó que viniese acompañada, pero ella aseguró que su amigo era de confianza, y empezaron las cosas serias.
Su forma de hablar era empalagosa, segura y persuasiva, con la seguridad de quien sabe que ya ha vencido la batalla desde los primeros pasos. Dijo que sabía qué era lo que ella deseaba, y se lo iba a dar, por supuesto, pero a cambio quería que ella le hiciera un favor. Algo muy simple. Él se suministraría todo lo que desease sin coste, y a cambio ella debía hablar con sus amigos, aquellos que pudiesen estar interesados en el Pigmento, y venderlo en su nombre.
Ella se negó, pero su voluntad flaqueaba, mientras regresaba a mi mente aquella frase “Es lo que Bishop desea”, la invitación se repetía. Lo que le ofrecían era un vial con pigmento en ese momento, poder sentirse otra vez “única”, y acercarse a dios. Empecé a tomar el control lentamente, aparté los ojos del vial, para clavarlos con mi propia seguridad en los ojos de Victor. NO.
Al parecer esa negativa podría traer consecuencias, y tras una o dos amenazas veladas, entre los respectivos guardianes, pasó algo. El tipo rapado extendió una mano, y de ella salieron finos hilos que salieron disparados hacia la cabeza de Robert. Yo hacía tiempo que había cerrado los ojos de Diana y tomado el control por completo de su cuerpo, así que ya estaba corriendo cuando el mismo segurita golpeó su cabeza contra una mesa que no lograba ver, para más tarde romperse su propio pie. Me golpeé al salir con alguna mesa baja, pero no paré. Aún me pregunto cómo es que no me di cuenta de lo que era aquel tipo.
A mi espalda, los chicos entraron en la habitación para entretener a los posibles perseguidores. Escuché sus gritos retumbar en las paredes con oleadas que debieron recorrer muchos kilómetros a la redonda. Michael me siguió después de cerrar la puerta tras mis pasos, y cuando HannYe salió, a mitad del pasillo, le pedí que fuese a ayudar a los chicos atrás. Michael y yo nos bastábamos para los colocados de abajo. A menos eso pensaba, hasta que los vi empuñar armas junto a la puerta. El negro se adelantó, empotrando un cenicero contra la cara de uno de los que me cortaban el paso, y no sé bien porqué, me puse a gritar “¡Fuego, hay fuego arriba!” sin aflojar el paso. Algunos estaban tan aturdidos con las drogas que por un momento me creyeron, y otros no, pero el caos resultante fue suficiente como para llegar al jardín, justo a tiempo como para ver aparecer al ángel. Todos estaban en el patio, e incluso HannYe sobrevolaba la casa cuando hizo su aparición a través de la pared, con las alas extendidas. En esa pose era aún más impresionante de lo que era antes, e incluso se diría que empezó a brillar con luz propia. No podía detenerme a mirar. A mi espalda escuché lanzar maldiciones, e incluso una ráfaga de metralleta. Me lancé sobre la puerta, buscando el botón para abrir desde dentro, pero era un código numérico, así que no podía quedarme como si nada a esperar que nuestro murciélago particular descendiese. Escalé la puerta mientras escuchaba más maldiciones, y caí al otro lado. Desde la casa, escuché un disparo solitario. El segurita.
Llegaban espectros, algunos parpadeando de un rincón a otro confundiendo a la vista (podría haber sido uno o cinco) y un último que apareció caminando sobre el mismo tejado. Tenía el rostro deforme, y lo que parecía un enorme pincho que lo empalaba, asomando junto al cuello. Michael estaba descontrolado. Más tarde supe que le habían hecho algo que lo cegó, y aún hoy al proyectarse le cuesta ver con claridad.
Se me había roto un tacón, la chaqueta por una esquina, y perdido el bolso por el camino. Bueno, podría haber sido peor. Me esforcé en alargar el efecto de mi dominio mientras me alejaba, para poder llevarla a un lugar donde estuviese más segura. O’Sullivan se llevó consigo a los compañeros que pudo, excepto HannYe que acabó metiéndose en una valla o algo así, para escapar, y entonces noté el último gran estallido de vitalidad, mientras caminaba junto a una casa que parecía arder con llamas fantasmales para alejarme. Probablemente sería el ángel intentando deshacerse de todos los espectros que acabarían de aparecer.
Me recogieron en coche los muchachos y ahí terminé de perder el control sobre Diana, que empezó a hacer preguntas de quienes éramos, que si la habíamos secuestrado, que si… mil cosas. Un momento después, más que un coche, aquello parecía un gallinero, con todo el mundo gritando intentando dar su versión tergiversada de la realidad, y mandando a callar a Michael. Un error.
Llamamos a Bloomberg y los dejamos hablar. Mientras pasábamos junto a la casa. No había un alma a la vista.
Total, que fuimos hacia su casa, aparcamos en el garaje y Connor les contó parte de la verdad, pero Michael estalló. El alcalde no se había tragado la versión de Connor, así que insistió en que Michael hablara, y tras una o dos evasivas, lo contó con sus palabras. No dijo toda la verdad, ni amplió gran cosa lo que ya sabíamos, pero creo que el poli se enfadó de todos modos. ¿y qué esperaban, si llevan sin dejarle hacer nada todo el día?
Conozco esa sensación, y no es agradable. Tengo que empezar a ponerme seria con estos chicos, porque se les empieza a ir la pinza peligrosamente.
Básicamente, eso fue lo que pasó.
Nos dieron las gracias por nuestros servicios, y mientras hablaba con los chicos, yo me resistía a materializarme y atendía a Diana ahora que estaba sola. Estaba desconcertada por la laguna mental que le creé, pero siendo lista, denunció el robo de su bolso y llamó a su amigo el artista. Aunque les duele, no podrán verse en una buena temporada. Y que no, que no había llegado a ver a dios. Me hubiese gustado quedarme escuchando la conversación de la pareja cuando Bloomberg regresó, pero Jonh me obligó a salir. Un día voy a hacer como el negro y pasar de los dos plastas estos.
Aún no puedo creerme que todo esto haya pasado en un solo día
Necesitamos descansar. Suerte que las vacaciones se acercan. Una semanita o así, y a dormir a pierna suelta. Los chicos más que yo.
¿y ahora qué? Nada, supongo
Y con lo de O'Sullivan, creo que ya está resuelto. Ojalá las cosas hubiesen salido mejor. Mucho tendrian que cambiar las cosas para que surja algo más que camadarería profesional. Al menos pasé un buen rato.

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