07 septiembre 2005

7 sept.


Acabo de regresar de New Orleáns. Ha sido más intenso de lo que pensaba

En lo personal, intenté hablar con una mujer experimentada en la que poder confiar, a falta de alguna amiga. Que triste, no tener amigas para hablar de esas cosas. En realidad es por culpa mía. Se me amargó mucho el humor después de todo aquello del accidente, perder a dos personas y demás. Seguro que no era fácil para ellos. Pero entonces ¿Quién me quedaba? Intenté hablar con Kate. La encontré saliendo de una reunión, hablando con uno de sus compañeros. Creo que metí la pata. Todos los problemas que tenemos con el huracán, y yo hablándole como si fuera una adolescente. No me extraña que me mirase de aquella forma. En realidad, creo que ya sabía lo que quería hacer y decir, pero necesitaba un poco de apoyo moral con todo esto.

Desperté a Sully, y se lo dije. Él intentó explicase, pero cuando dijo que no, que os quería a las dos de forma diferente y quería estar con ambas, se me revolvieron las tripas. Casi le escupí que no podía ser celoso con ella, y venderme a mi la imagen de amante del amor libre. Quizás todo seria más fácil si no llega a pasar.

Me alegró un poco ver que AnnYe se unía finalmente a nosotros. El crisol estaba al completo. Es extraño lo que pasaba en aquella ciudad. Solo vimos a un fantasma, y docenas de espectros caminaban a sus anchas por las calles. Me recordó un poco a lo que pasó aquel día en Los Ángeles, cuando nos parapetamos en nuestro cuarto por la aparición masiva de espectros en las calles ¿se trataría del mismo fenómeno? La gracia es que no se molestaron en hacer nada cuando decidimos aparecer y hacer acto de vitalidad para calmar a la gente del Domo. Aquello fue horrible. La gente es capaz de hacer autenticas barbaridades por miedo en este país. No quiero escribir todo lo que vi y pasó. Es demasiado doloroso. Solo destacar que tan solo vimos a un fantasma. Tenia todo el aspecto del Barón Samedi de las historia de Vudú. La primera vez que lo vimos nos dijo de habernos visto en una visión, y que necesitaba que le llevásemos dos gallinas. Impresionante. Se fue un poco frustrado al ver que no las teníamos, pero quería detener algo que llamó “la avalancha”, o algo así. Que ambos mundos de colapsaran. No lo entendí mucho, pero en las visiones de nuestros compañeros habíamos leído entre líneas que algo grande podía pasar en el Domo. Por eso estábamos allí. Para evitar que el gran “huevo cósmico” se resquebrajase, y dejase escapar la avalancha oscura de su interior. Lo siento, no puedo explicarlo mejor.

Era frustrante que no me dejaran hacer nada al ver lo que estaba pasando, porque “solo estábamos investigando”. Pero fue peor que O’Sullivan intentara sacarme de allí con su Horror en el único momento en que podía hacer algo. Resistí el tirón como pude. La siguiente vez que lo vi, tenia ganas de partirle la cara. Lo digo enserio. No sé como me contuve, y creo que mi desprecio le dolió más que una auténtica regañina. ¡Pues que se joda! No puede tratarme como a una princesita inválida y ganarse mi agradecimiento. Tenía que hacer algo y podía hacerlo. No sé como se atrevió.

Al final salvé muchas vidas. Creo que esa es la única razón por la que me mantengo en mi sitio. Murió gente, si, pero me agarro a lo bueno que pude hacer, e hice. Nunca sabrán porqué en el último momento tiraban las armas, o no eran capaces de apretar el gatillo unos y otros. Ojalá me hubieran dejado hacerlo desde el principio. Ya no importa.

También está lo de T&S. La competencia tenia otro puesto no muy lejos. En principio parecía que todos estábamos dispuestos a colaborar, pero al parecer los jefes discutieron por algo, y esa gente no apareció cuando la necesitábamos. Bueno, quizás encontraron problemas por el camino.

Mientras, se rodaba el pequeño documental de Orpheus. Solo después de lo del Domo pudimos hacer algo verdaderamente útil, aunque fuera principalmente delante de las cámaras. Yo me di más de una escapada para ayudar a la gente. Creo que Jonh y Connor, los protagonistas de la serie de Oprah, no tenían muy buena cara que poner, así que acabaron obligando a O’Sullivan a aparecer frente a la cámara. Yo me propuse voluntaria, pero aún les da mucho miedo que se sepa que una ciega recupera la vista al estar congelada. Ellos se lo pierden. La cara de aquella gente cuando les quitaba de encima los cascotes es suficiente recompensa para mi. Y de paso, así podía calmarme un poco.

Y así hasta el día de hoy. De regreso a Orpheus me he dado un paseo hasta las cunas para ver a Martin. Sigue tan inmóvil como siempre. Sin cambios. Un día de estos lo descongelarán. Ojalá pudiera hacer algo por él.

Creo que lloré. Ya no estoy segura.

Mi hermano se ha despertado.

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